viernes, 7 de octubre de 2016

Cinco colores, un mensaje.

El color NEGRO representa el pecado. Pecamos cuando desobedecemos la ley de Dios, los diez mandamientos. ¿Los conoces? 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10. El mandamiento número 9 dice “No mentirás” ¿Te puedo preguntar si alguna vez mentiste? Si tu respuesta es: Sí, entonces desobedeciste la ley de Dios. ¿Cuándo desobedeces a tus papás, seguramente recibis un castigo, no es así? Lo mismo sucede con Dios; por desobedecer su ley merecemos ser castigados y ese castigo es la separación eterna de Dios; pero Dios tuvo un plan para los que reconocen que son pecadores, lo conocerás con el siguiente color…

El color ROJO representa la sangre inocente de Jesús que fue derramada al morir en la cruz, ocupando nuestro lugar. Allí Dios cargó en Jesús el castigo que merecíamos nosotros. ¿Crees que Jesús murió por vos? Sí lo crees, eso se llama FE, y por tu fe, Dios perdona tus pecados y nunca vas a ser castigado por Él.

El BLANCO representa que tus pecados que eran como el color negro, ahora fueron quitados de tu corazón por creer con seguridad que Jesús murió por vos y te concede una nueva vida y un nuevo corazón limpios como el blanco..

El color VERDE representa la esperanza que nos dejó Jesús después de resucitar de entre los muertos y subir al cielo para sentarse a la derecha de Dios y como un abogado defendernos de de las acusaciones del diablo. Jesús también dijo que un día volvería a buscar a los que creen en Él para que estemos junto a Él en el cielo. ¡Esa es nuestra esperanza!


Finalmente, el AMARILLO representa la ciudad donde estaremos con Dios, donde las calles son de oro y las puertas como perlas; sus cimientos  como piedras preciosas. Allí no habrá más lloro, ni tristeza, ni dolor y podremos adorar al Señor y agradecerle por la eternidad que nos salvó.


 S. Juan 3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
3:17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. 
3:18 El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.