martes, 12 de noviembre de 2013

EL GUSTITO DE OBTEBER SIN PAGAR DURA... HASTA QUE TE DESCUBREN

Anécdotas de mi infancia
               Cuando era niño jugaba con un chico vecino a los autitos, él tenía muchos y ¡de colección! Obedeciendo a mi tentación en distintas oportunidades me llevé tres a mi casa. Un día vi uno que me gustó muchísimo y me lo llevé (robé) también. A los pocos días me llamó mi mamá que estaba hablando con la abuela del chico y esta me preguntó si yo no me había llevado para jugar el autito en cuestión, porque no lo encontraban y era el que recientemente le había regalado el papá. Al ser descubierto, pensé ¡esto es cosa de Dios! Confesé que yo me lo había llevado y, con mucha vergüenza, no solo devolví ese sino los otros también.
               Pasaron unos años. Un día mi hermano fue al kiosco a comprar algo para la escuela; al volver entró a casa masticando un chicle. Le pregunté varias veces de donde había sacado dinero para comprarlo. Ante mi insistencia me dijo: vamos al kiosco que te muestro. (Sin querer, descubrimos una estrategia para robar golosinas). Cegado por mi avaricia le dije: tenemos que hacerlo más veces. Y así lo hicimos, hasta que la dueña empezó a sospechar. Una tarde, ya anocheciendo, volvimos al kiosco, apoyé mi bicicleta en un poste, y puse en práctica la estrategia. Llegué a sacar cerca de seis chocolatines sin ser visto, hasta que me tenté con un alfajor, y fui descubierto. El kiosquero me preguntó con tono severo: ¿Qué sacaste?...  Quedé paralizado por la situación y luego corrí tan rápido como pude. Casi llegando a las dos cuadras recordé la bicicleta, volví corriendo hasta el kiosco y luego volé hasta casa. Me metí en cama, llorando. Al enterarse mi madre, devolvió lo robado, y yo pedí perdón a Dios, dejé de llorar, y sentí una paz inexplicable. Gracias a esa experiencia me dije: "Nunca más voy a robar". 
              Lo que verdaderamente puedes obtener sin pagar es la salvación, porque Cristo pago el precio de la misma al morir en la cruz. La paz y el gozo perduran para toda la vida y por la eternidad.

Una breve reflexión

Así como existen las leyes civiles y las personas las transgreden, existen las leyes de Dios conocidas como los diez mandamientos y las personas también las transgreden. La transgresión a las leyes de Dios se llama pecado y todos somos pecadores pues todos las transgredimos. La Biblia dice: “No hay un solo justo, ni siquiera uno; No hay quien entienda.  Nadie que busque a Dios. Todos se desviaron, a una se corrompieron. No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Su garganta es un sepulcro abierto; con su lengua engañan. Veneno de víboras hay en sus labios; Su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies son veloces para derramar sangre. Dejan ruina y miseria en sus caminos; y no conocen la senda de la paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos”.
Podemos mencionar solo el mandamiento de Dios que dice: “No robarás”, y… realmente ¿quién no robó algo en su vida,  aunque sea tan solo una golosina, o un billete de poco valor de los bolsillos de nuestros papás? No importa el valor de lo que se roba. Para Dios robar es robar… y punto. Robar es un pecado delante de Dios.
Ahora déjame preguntarte: Si tuvieras que presentarte hoy delante de Dios como Juez ¿cómo crees que te hallaría, culpable o inocente? Si eres sincero contigo mismo y con Dios, te reconocerías culpable. Tal vez estés leyendo este folleto y digas: Pero ¿de qué me está tratando, de ladrón? ¡Si yo nunca robé! Puede ser cierto que nunca hayas robado pero si tratas de justificarte por obedecer la ley de Dios y la dejas de cumplir en un punto, ya eres culpable y merecedor  de ser condenado. 
Déjame preguntarte: ¿Has mentido alguna vez? La ley de Dios dice: No mentirás. ¿Has mirado a alguna persona codiciándola? La ley de Dios dice: No codiciarás. ¿Has mantenido alguna relación sexual indebida? La ley de Dios dice: No adulterarás.  
Esta ley divina te muestra como en un espejo lo que eres. ¿Tal vez ladrón, mentiroso, codicioso, adúltero? ¡Y solo estoy mencionando cuatro de los diez mandamientos! Ahora, ¿cómo crees que te verás con los otros seis?
Es mi deseo que de la misma manera en que un día me reconocí pecador perdido al mirarme en el espejo de la Palabra de Dios, y que por causa de mis pecados iba a una eterna condenación al infierno, tú puedas reconocerte como un pecador perdido que va rumbo a una eterna perdición.
Pero ¡atención, porque hay una Buena Noticia!   El Evangelio de Juan 3:16, dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Jesucristo pagó la fianza, el precio de nuestra libertad, ocupando nuestro lugar en la cruz, para que todos los que creen en Él sean salvos de la justa condenación que merecemos por nuestros pecados. Yo me arrepentí de mis pecados, me apropié de la obra de Cristo en la cruz y puedo decir: Él es mi Salvador.
Dios quiera que tú puedas arrepentirte y apropiarte de la salvación que te ofrece gratuitamente. Detente un momento a reflexionar dónde pasarás la eternidad. Para ir al infierno no necesitas hacer nada, sigue tu vida como hasta ahora e ignora esto que leíste. ¿Quieres ser salvo? Arrepiéntete de tus pecados, confía tu vida a Jesucristo, y serás salvo.
Él fue crucificado junto a dos malhechores; uno reconoció sus pecados, a Jesús como Hijo de Dios y fue salvo. El otro no. La Biblia dice en el evangelio de Lucas 23:39-43: “Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”. 

Que Dios alumbre tu mente, transforme tu vida y puedas ser de bendición para otras personas.